domingo, 19 de diciembre de 2010

Eight months of love.



♥.

Allí estaba, en aquella clase. Era principios de primavera y estaba doblado hacia dentro. No era nuevo ni viejo, pero si que estaba algo usado. Y estaba solo, al igual que yo. Pero mis pies caminaban con la tentación de querer acercarse más a él.
Él estaba como esperando una primavera de abril, tras todo un invierno. Lo estuve mirando, más bien observando durante un largo tiempo, en espera de algún movimiento o alguna palabra. Quería que me contara porqué estaba allí, quien lo había dejado y si hacía muchos días o unas pocas horas. Yo lo sabía perfectamente pero como sentía que él quería oír lo mismo, me acerqué. Me senté a su lado y a los pocos minutos me preguntó si sentía frío. Le contesté que si y calló al instante.

Estaba dispuesta a irme, cuando de repente me contó que llegó allí sin ningún porque y sin ninguna razón, pero me afirmó que estaba sólo. Me planteé si podía ser el destino, pero me pareció muy pronto. Me transmitía tristeza conocer su paradero. Un abrigo que no da calor es como un día del cual sabes su repugnante final y simplemente deseas dormirte para que llegue otro mejor; como cuando te quedas paralizada delante de un reloj mientras las agujas se mueven y siguen moviéndose mientras lo miras, mientras se mueven sigues mirando, lo miras y no dejan de moverse y siguen moviéndose aunque dejes de mirar.

Pero yo sentía que me transmitía más calor del necesario aún sin probármelo, de hecho quería que ese abrigo me diese el calor que unas no recibieron o que otras no quisieron recibir. Podía escoger cualquier tipo de abrigo, había muchos, pero todos eran muy fríos, yo quería aquella piel, aquel olor, aquel tamaño, aquellos botones… Pues cada uno de ellos terminaban de formarlo y le daban el punto de diferencia con el resto. Me mostraban todo sobre él, enseñándome su fuerte carácter y todo el cariño que estaba dispuesto a darme al mismo tiempo. Solamente con verlo supe que era para mí. Entonces me lo probé. Me sentaba estupendamente, quería quedármelo. Y así fue, ahora es el abrigo que no me quitó de encima.
Me gusta pensar que este será mi primer invierno con él y estoy completamente segura de que no pasaré frío.

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