viernes, 12 de noviembre de 2010

Sucesos necesarios


Al darle un mordisco a aquella galleta bañada en chocolate por fin tenía la sensación de que todo iba a salir bien. En realidad tampoco es que pensase eso, verdaderamente creo que en ese momento no pensaba, aún así, con la mente en blanco sucedió. En ocasiones, cuando nos perdemos en el miedo y la desesperación, en la rutina y la constancia, en la desilusión y la tragedia, habría que dar gracias a esas galletas bañadas de chocolate. Y, afortunadamente, incluso cuando no hay galletas nos puede reconfortar una mano conocida acariciándonos. O un gesto amable y cariñoso. O un apoyo sutil. O un abrazo tierno. O unas palabras de consuelo. Y no olvidemos las canciones en inglés, las llamadas que duran horas, los tapones para los oídos, las tilas, la repostería que sobra, los amigos, las despedidas, las sensaciones más satisfactorias, los secretos susurrados, los chicles de menta, las verdades más absurdas, las mentiras más reales, las películas que hacen llorar, y, tal vez, algun que otro cuento. Y hay que tener en cuenta que todas estas cosas, los matices, las anomalías, que creemos que no son más que complementos en nuestras vidas, están presentes por una causa mucho mayor . Están para salvarnos la vida. Sé que la idea resulta extraña, pero es la pura verdad.

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